Por Diana Howe

Mi hijo, Christopher, nació con distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad que afecta a todos los músculos y órganos principales del cuerpo y los convierte en tejido graso. Esta enfermedad causa muchas otras complicaciones, y con la que Christopher batalló más desde muy joven fue la deglución de alimentos.

Llegó al punto de que ya no podía tragar sólidos. Decir que esto fue devastador para nuestra familia sería quedarnos muy cortos. La pérdida gradual de la capacidad para caminar, mantenerse de pie, mover las piernas, darse la vuelta en la cama o levantar los brazos es demasiado para cualquier niño. Haber perdido además la capacidad de comer fue increíblemente doloroso.

En nuestra cultura, comer es un evento social. Nos conectamos con otros compartiendo el pan. Cuando uno no es capaz de participar en una comida, es como si estuviera mirando desde afuera –como si simplemente no encajara.

Descubrí la Vitamix en la Exhibición Nacional de Canadá (CNE), en Toronto. Cuando me senté para ver la demostración de 90 minutos, me sorprendió lo que la máquina puede hacer. Me encantó el sabor, pero lo que más me impresionó fue la consistencia de algunas de las muestras. Mi imaginación se echó a volar cuando pensé, “¿Podría preparar en esta máquina alimentos, alimentos de verdad, para Christopher?” Una vez que me convencí de que sí podría hacerlo, ordené nuestra Vitamix.

En cuanto llegó, empecé a experimentar con diferentes cosas para que Christopher las probara. Preparé espagueti para mí, hice algunos pequeños ajustes, lo coloqué en la Vitamix y lo compartí con Christopher. ¡Me asombró que lo pudiera comer! Tenía una consistencia ligera, suave y esponjosa. La textura era perfecta, el sabor fenomenal y, lo más importante, a Christopher le encantó.

Con la Vitamix, cada vez que teníamos una cena importante, Christopher volvía a participar. Era capaz de comer bien junto con todos los demás. Ya fuera una cena de pavo o carne asada, hot dogs o lasaña, Christopher la disfrutaba con nosotros.

Por desgracia, como su enfermedad avanzó con los años, recientemente perdió la capacidad de beber líquidos o incluso pasar saliva. Sin embargo, aunque ya no puede sentarse a la mesa con nosotros, la Vitamix le permitió disfrutar de comidas y cenas familiares durante muchos años.

En la actualidad a Christopher todavía le gusta ayudarme a preparar bebidas, salsas y sopas en la Vitamix. Hemos descubierto que si bien ya no puede ingerir alimentos, todavía puede participar de manera importante en cualquier comida especialmente ayudándome en la cocina. Nuestro vínculo común sigue siendo nuestra máquina Vitamix.

La Vitamix logró enriquecer la vida de mi hijo durante muchos años, además de que mejoró la salud de toda nuestra familia. ¡Gracias Vitamix, por un regalo tan invaluable!

Si usted tiene una historia que contar en relación con la Vitamix, nos encantaría que la compartiera con nosotros. Sírvase enviarla por correo electrónico a: socialmedia@vitamix.com